La prevención suele asociarse inmediatamente al entorno laboral. Evaluaciones de riesgos, procedimientos, equipos de protección y formación forman parte habitual de la actividad profesional. Sin embargo, la seguridad no comienza ni termina en el puesto de trabajo.
El artículo «Algo no hacemos bien en cultura preventiva», publicado por Rafael Eugenio Romero García en el número 344 de Técnica Industrial, plantea precisamente ampliar esa mirada y abordar la prevención como una cultura integral que acompañe a las personas en todos los ámbitos de su vida.
La prevención no debería tener apellidos: laboral, vial o doméstica. El objetivo debería ser desarrollar una verdadera cultura de la seguridad.
Los accidentes mortales son solo la parte visible
El autor parte de una reflexión sencilla: los accidentes más graves son únicamente la parte visible de un problema mucho mayor, compuesto también por accidentes con lesiones, incidentes y situaciones en las que finalmente no se produce daño.
Para ilustrar la dimensión del problema, el artículo recoge datos del año 2023. Según las cifras citadas, en España se produjeron 619 fallecimientos por accidentes laborales y 1.785 por accidentes de tráfico.
619
fallecimientos en accidentes laborales
1.785
fallecimientos en accidentes de tráfico
Las cifras sirven al autor para plantear una cuestión más amplia: si queremos reducir los accidentes, no basta únicamente con actuar sobre las consecuencias. También es necesario analizar las decisiones y comportamientos que preceden a muchas situaciones de riesgo.
La seguridad también depende del comportamiento
Las mejoras técnicas han tenido un papel fundamental en la reducción de los accidentes. Mejores infraestructuras, equipos más seguros, protecciones, señalización o sistemas de emergencia contribuyen a disminuir los riesgos y sus consecuencias.
Pero el artículo llama la atención sobre otro factor igualmente importante: el comportamiento humano. El desconocimiento, la falta de percepción del riesgo o determinadas conductas pueden neutralizar incluso medidas de seguridad correctamente diseñadas.
Trabajador con equipos de protección individual. Chmee2.
CC BY-SA 3.0.
Fuente: Wikimedia Commons.
Una prevención que no termine al salir del trabajo
Uno de los planteamientos más llamativos del artículo es que existe una atención muy intensa sobre los accidentes laborales y de tráfico, mientras que otros ámbitos reciben mucha menos visibilidad.
Como ejemplo, el autor destaca los accidentes domésticos. Según los datos que recoge del INE, 4.158 personas fallecieron en 2023 únicamente como consecuencia de caídas domésticas.
4.158
fallecimientos por caídas domésticas en España en 2023, según el dato del INE recogido en el artículo.
El dato sirve para reforzar la tesis central del autor: la prevención no debería fragmentarse en compartimentos estancos. Los hábitos de seguridad que aplicamos en una fábrica, una instalación o una obra forman parte de una forma más amplia de percibir y gestionar el riesgo.
De cumplir normas a construir cultura
Una organización puede disponer de procedimientos, instrucciones y equipos adecuados y seguir teniendo problemas si la seguridad se percibe únicamente como una obligación documental.
La cultura preventiva implica algo más: identificar riesgos antes de actuar, cuestionar situaciones inseguras, comunicar incidencias, aprender de los errores y asumir que determinadas decisiones pueden afectar tanto a quien las toma como a quienes trabajan a su alrededor.
Una cultura preventiva sólida implica:
- Reconocer el riesgo antes de comenzar una tarea.
- No normalizar situaciones inseguras por el hecho de ser habituales.
- Aprender de accidentes, incidentes y errores.
- Entender la seguridad como responsabilidad compartida.
- Incorporar la prevención a las decisiones cotidianas.
Cartel de medidas obligatorias de seguridad en una obra en España. Frobles. CC BY-SA 4.0.
Fuente: Wikimedia Commons.
El papel de los profesionales técnicos
Para los profesionales de la Ingeniería Técnica Industrial, la prevención forma parte de numerosos ámbitos de actividad: diseño de instalaciones, dirección y ejecución de trabajos, mantenimiento, organización de procesos, coordinación, seguridad industrial o evaluación de riesgos.
Pero la aportación técnica no se limita a identificar peligros o definir medidas. También puede contribuir a crear entornos en los que la seguridad se incorpore desde la fase de diseño y sea comprensible para todas las personas que intervienen posteriormente.
Prevenir no consiste únicamente en reaccionar ante el accidente, sino en crear las condiciones para que no llegue a producirse.
La cultura preventiva se construye mediante técnica, organización, formación y comportamiento.
El artículo completo, firmado por Rafael Eugenio Romero García, puede consultarse en el número 344 de Técnica Industrial.
Profundice en las reflexiones y propuestas del autor consultando la revista completa.
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